Hallan cementerio del s. XVI, sería el más antiguo de Lima

En pleno 2022, oculto bajo el concreto de un patio colegial, ve la luz un cementerio que dataría de los primeros estadios del virreinato, el equipo de arqueólogos asegura que permitirá conocer mejor el rompecabezas de la vida virreinal.

Fuente: EFE

A finales del siglo XIX vio la luz por última vez y, como testimonio, quedó una botella a modo de ofrenda. Ahora, en pleno 2022, el cementerio más antiguo de Lima fue hallado por un equipo de arqueólogos en pleno corazón de Lima. Se ubica a la sombra del hospital Real de San Andrés, el más antiguo de Suramérica.

ANTECEDENTES

Inicialmente, el lugar fue un hospital para españoles e hijos de españoles, lo que llamamos criollos. Adyacente, había un ala separada para indios y pardos o negros, explica a Efe el jefe del equipo de Arqueología de la Municipalidad de Lima, Héctor Walde. Como contexto geográfico, el Hospital Real de San Andrés estaba ubicado en Barrios Altos, siendo morada en el siglo XVI de las momias de los Reyes Incas. Posteriormente, fue el primer manicomio del Perú, centro donde se dio inicio al estudio de la Medicina moderna en este país.

EXCAVACIONES

Como un libro que leemos en sentido inverso, actualmente trabajan en la capas más superficiales; es decir, en las últimas páginas de la novela de este cementerio. Estas yacen superpuestas a otras de hasta tres centurias de antigüedad (s. XVI). Precisamente, el investigador y los trabajadores de su equipo se afanan en recuperar los 40 cuerpos que acaban de descubrir, entre hombres y mujeres.

«Debemos continuar bajando niveles de entierros hasta llegar al nivel del siglo XVI, el fundacional», señala Walde.

PRIMEROS HALLAZGOS

En un lateral, sorprendentemente intacto, se yergue con ayuda de unos pilares de madera una cripta. En ella se hallan los restos de difuntos de las familias más acomodadas de su época. La mejor prueba de que, en la muerte como en la vida, la clase social lo define todo.

El resto de difuntos están envueltos con mortajas y se encuentran apilados, arrojados unos sobre otros sin lápida o inscripción que permita identificarlos.

RETOS A FUTURO

Ahora, los arqueólogos deben contrastar los restos con la información que consta en los registros del hospital, buscar las razones del ingreso de los pacientes. Se espera que en las labores de investigación de antropología forense se logren identificar los cuerpos. Es una tarea titánica para la que tendrán que bucear en los archivos de una institución.

CAMBIOS DE USO

El predio se encuentra en Barrios Altos, en Lima, corresponde a la locación del Real Hospital de San Andrés, primer hospital del virreinato. Su inauguración data de 1552 bajo la orden del tercer virrey de Perú, Andrés Hurtado de Mendoza. En 1782, el enorme edificio que abarcaba varias cuadras cambió su uso. El hospital se trasladó y el inmueble cobró nueva función como hospicio para niños abandonados y huérfanos y, finalmente, cambió su uso para convertirse en un colegio. Sobre el cementerio se ubica el patio de la escuela.

PROLIMA

Tras la intervención en marcha, el gerente del Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), Luis Martín Bogdanovich, explicó que el inmueble «se dedicará a un lugar para aprender artes y oficios». Algunos restos «van a tener que ser cubiertos y otros serán expuestos» con coberturas de vidrio y correctamente climatizados «para que se pueda mantener a lo largo del tiempo».

«En general, toda la información que encontremos va a permitir que la recuperación del inmueble se ajuste al pasado», comenta Bogdanovich. «Muchas veces, en Perú pensamos que el único patrimonio arqueológico que existe es el prehispánico, pero tenemos un pasado virreinal y republicano asombroso», subraya Bogdanovich.

VULNERABILIDAD

Este patrimonio cultural es el mismo que, en ocasiones, ha sido abierto a la fuerza por huaqueros y ladrones del patrimonio, que excavan la tierra con detector de metales en mano en busca de su particular fortuna. Para aplacar la ira de los dioses y difuntos, dejan una ofrenda en forma de tabaco negro, hoja de coca o una botella de licor como la que encontraron los arqueólogos en esta oportunidad.

 

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